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lunes, 6 de agosto de 2012

La última aldea virgen

Este fin de semana pasado, la revista Séptimo Sentido nos presentó un reportaje realizado por Ronald Portillo en el que se muestra una verdadera joya ecológica: el parque Montecristo, una reserva de biosfera compartida con los países vecinos de Guatemala y Honduras. El eje central de este trabajo gira entorno a la vida de los habitantes dentro del parque a los que el periodista denomina colonos y su relación con el ambiente resguardado fielmente por autoridades del Ministerio del Medio Ambiente por mandato de la UNESCO. Sin embargo, la poca consciencia sobre la importancia de estos focos de vida hace difícil el trabajo de organizaciones en pro del medio ambiente y al mismo tiempo, debido a los malos hábitos de los que ahí residen, el lugar corre riesgo de perder su calidad de patrimonio ecológico ya que en nuestro país cada vez son menos los sitios protegidos contra la depredación, explotación y contaminación.


Link de acceso al reportaje - Séptimo Sentido - La Prensa Grafica


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Hemos cerrado las puertas a las multinacionales mineras y sus proyectos de muerte, no tenemos reservas de petróleo de donde extraer ni una gota de ese líquido pastoso, no contamos con una sobrepoblación de fábricas e industrias que desparramen una cantidad exorbitante de residuos químicos, no somos el país que emite más emisiones de gases de efecto invernadero y tampoco somos los responsables de que la materia prima se esté agotando. Entonces, ¿dónde está el problema?

El problema medioambiental de nuestro país no solo recae en las transnacionales que invaden nuestro territorio, tampoco es asunto únicamente del MARN (Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales) o de entidades no gubernamentales. El problema es tan nuestro como el nombre que llevamos puesto. El enemigo no está solamente afuera sino también entre nosotros, o por que no decir nosotros mismos. La sobrepoblación, el consumismo, la poca cultura en pro del respeto de la naturaleza, la caza voraz de especies casi extintas, el poco espacio para asentarse y muchos factores más nos vuelven culpables y responsables de la situación actual.

Las consecuencias de nuestra falta de hábitos ecológicos las vivimos a diario: la calidad del agua cada vez es peor y escasea, la temperatura se vuelve intolerable, las lluvias son copiosas en épocas invernales, las cosechas se pierden, las tierras son menos fértiles que antes, las toneladas de basura ya no caben en los botaderos, las quebradas no dan abasto por la insalubridad que corre entre sus venas… en fin, son muchos los males que nos hemos infringido y todo porque creemos que el agua, el aire, la energía y las recursos vitales que mueven al mundo no acabarán jamás… grave error.

Nuestro planeta lucha cada segundo por producir lo que el hombre le exige, a pesar que la capacidad de producción comienza a flaquear debido al número de habitantes y el acaparamiento de los países de primer mundo. No se necesita ser un meteorólogo, biólogo, geólogo o cualquier erudito de las ciencias para vaticinar sobre nuestro futuro. Y lo que más lamentaremos nosotros, los del undécimo mundo, es que si hoy somos los últimos lo seguiremos siendo después, cuando la tierra llegue a su límite y las guerras cambien de lo político a una disputa por los recursos naturales. A lo mejor ni los últimos de ahora serán contados en la lista pues por el rumbo que vamos desapareceremos, nos matarán de hambre más rápido de lo que nos imaginamos.

Es por eso que, mientras ese día apocalíptico no llega, deberíamos trabajar con lo poco que nos queda tal como lo hacen los pobladores de las Majaditas, una comunidad que habita la zona núcleo del parque Montecristo en Metapan. Como lo relata el reportaje de la revista, para los pobladores es difícil comprender el equilibrio en el que tratan de vivir pues no es parte de nuestra cultura velar tanto por nuestra madre tierra. Lo de los salvachucos es apedrear pájaros, matar cusucos, garrobos, comer huevos de tortuga y hasta nuestra propia flor nacional: el izote.

A todo esto los que deberían poner un alto al holocausto de la flora y fauna simplemente no se dan cuanta o no lo quieren ver. Bueno, sería mucho pedirles si ellos, el Politburó, desayunan hot cakes, waffles y para el almuerzo y la cena caviar, sushi, pastas, pero lo que no debe faltar es el vino, el coñac, el ron, tequila o wiski como el digestivo perfecto. Para los días del infierno veraniego prefieren la cerveza, boquitas y más cerveza. Ellos no saben nada de la caza de los animales silvestres, ni de la deforestación que provocan cuando ratifican la construcción de nuevas carreteras, presas hidroeléctricas, centros comerciales, hoteles y lugares turísticos. Y si no pregúntenle a don Norman, nuestro famoso alcalde, quien se receto la idea de construir un parque en medio de un cafetal en honor al Bicentenario o mejor dicho, en honor a los Próceres (oligarcas) de la patria, a los que él quiere imitar.

Sin caer de nuevo en culpas y señalamientos, cito este ejemplo de tantos que se pueden nombrar en nuestro trozo de país. Pero, volviendo a la reserva de biosfera compartida de Montecristo, es de apreciar ese pequeño espacio de vida que aun trata de sobrevivir a los depredadores humanos. No obstante, hay mucho por hacer en el contexto de concientizar a los habitantes, tanto los que lo habitan y los demás incivilizados de fuera para que luchen por preservar los pocos metros cuadrados de arriates de las calles, los árboles de los manglares, bosques, parques, montañas y cordilleras de nuestro país.

Al menos con eso colaboramos a que no muera un pulmón más dentro de la capsula toxica en la que vivimos los capitalinos y los que residen en ciudades populosas. Hasta nuestros jardines contribuyen a la sobrevivencia de nuestro planeta mundano y, entre más sean los instruidos en el dogma de “no contaminación, sí al reciclaje, sí a la reutilización y a la conservación de la flora y fauna”, los efectos nocivos y autodestructivos pueden ser menos tormentosos.


Como vemos, nuestro papel en el planeta es indispensable pues, así como hoy lo exprimimos gracias al todopoderoso capital, también así lo podemos salvar y salvarnos a nosotros, a nuestros hijos y los próximos en venir a esta tierra. Debemos heredar una casa más limpia, segura y con conciencia ecológica, con respeto a la naturaleza y los seres vivos que mantiene ese equilibrio que nuestras acciones han roto por décadas y que están dejando una huella que no parece cicatrizar, no por ahora.

sábado, 4 de agosto de 2012

El Salvador (la fiesta) del mundo - Segunda parte

De nuevo el desfile se adornó con la belleza de las reinas.

Ahí iba de nuevo. Decidí adelantar mi hora biológica de descanso y tener un poco más de tiempo para alistar mi equipo y emprender vuelo nuevamente al Desfile del comercio. Mis utensilios no variaron en nada: mi mochila estilo mailman, un cuaderno, un lapicero, mi botella de agua reutilizable y una camisa blanca por aquello de la insolación que pone el pellejo como si se estuviera en las brazas.

Esta vez iba decidido a obtener mejores tomas gráficas y sensoriales del evento multitudinario. ¡Y vaya que fue multitudinario! Eran millares de capitalinos y foráneos los que pintaban las calles de puntitos negros, castaños, rubios, con gorra, boinas, sobreros y cualquier otro distintivo que los salvaguardara del fuego en lo alto. Al llegar al monumento de nuestro patrono el Divido Salvador del mundo, no demoré en buscar el mejor ángulo y sacar las primeras fotografías. Había poca gente cerca de mí pues todas habían buscado la sombra debido a que esta mañana el sol parecía rozar la atmosfera y calentarla al punto de ebullición. La intensidad con la que irradiaba me hizo postrarme un rato sobre la grama medio húmeda mientras el ajetreo no comenzaba.

Sin embargo, minutos antes, vi como un grupo de jóvenes caminaba aligerado hacia la parte frontal del monumento para tomarse fotos. Lo curioso fue ver sus expresiones poco fotogénicas y más amedrentadoras. Hacían señas codificadas pero, para quien las ha visto antes, sabe que lo que hacían era manifestar su pertenencia a algún instituto nacional. Observaba con precaución pues, por lo que sucedió el día miércoles en el primer desfile, no quería ser parte o peor aun, quedar partido por cualquier tipo de intenciones violentas. Así que mejor tomé una postura más desinteresada a lo que hacían, aunque no pude evitar seguir pendiente de sus movimientos. Los jóvenes se movilizaron hacía la parte más baja del redondel y, detrás de la estatua que está en el centro, apareció otro grupo de jóvenes, sus rivales o, como ellos los llaman, los técnicos. Bueno, todo apuntaba a que esto empezaría tal como termino un par de días atrás.

La policía y algunos elementos del CAM  se movilizaron por el sector al darse cuenta de los ademanes pretenciosos de la bandada de jóvenes, entre ellos señoritas, quizá sus novias. Para no hacer de esto toda un reality show, solo les resumiré que instantes posteriores al inicio del desfile, la policía capturó a otro grupo de sujetos, de seguro estudiantes, pero esta vez no pude apreciar lo que sucedió exactamente. Ese ambiente tenso en los albores del festejo se fue disipando poco a poco ya que, a diferencia del desfile anterior, los ánimos eran más briosos, la gente ya estaba en sintonía con la algarabía desde que llegó a la Alameda Roosevelt.

El señor alcalde se suma al desfile del comercio.
Pasadas las nueve y cuarenta, el señor alcalde, quien encabezaba la fila, dio el aval para que comenzara el movimiento. Esta vez lo hizo sobre otra Congabus acompañado de su comitiva y algunos medios televisivos. No obstante, la fiesta no había vuelto a iniciar sino que continuaba pues, luego del desfile inaugural el día miércoles, el Comité de festejos de la Alcaldía realizo varios eventos al día siguiente entre ellos: un desfile de miembros de la Policía Nacional Civil, ruedas gratuitas en el predio Don Rúa, presentaciones circenses y por la noche, un mini festival con la participación de nuestros máximos representantes de la música salvadoreña, Los Hermanos Flores. Quizá ha de ser por eso que la gente se aglomeró por puñados pues se sentían en deuda con el señor alcalde. Pero mejor supongamos que, si esta vez había más afluencia, era porque la mayoría ya gozaba sus vacaciones.

Inmediatamente del paso de la Congabus, venía la primera banda de paz y sus bellas cachiporras portando un uniforme plateado, faldita azul y botas del mismo color. A los costados, los agentes del CAM formaban una especie de valla para que la gente retrocediera con el fin de no estropear el paso del desfile. Fue una buena variable con respecto a lo visto el día miércoles. A continuación, un grupo de música folklórica bailaba al son de las notas de una canción tradicional que hacía pareja con las vestimentas coloridas y lúcidas. Luego apareció la primer carrosa en la cual se trasportaba nuestra reina de las fiestas de nombre Magaly Cea, que por cierto participó de una entrevista en el noticiero de las 5:30 am. Su sonrisa dulce, un cabello rizado suelto, maquillada a la perfección y luciendo un vestido blanco muy hermoso, así pasó frente a mis ojos, lanzando dulces de los cuales los únicos que tomé fueron los dulces de su mirada.
Magaly Cea, reina de las fiestas agostinas 2012.
Al paso de nuestra reina, el cielo se nubló acicalando la temperatura extrema de la mañana. Lastimosamente, no duro mucho y el cielo se abrió nuevamente, sin embargo, los minutos de sombra sirvieron para introducirme más en la jovialidad de los asistentes. Comencé a sentir como si me hubiesen dado un ingrediente extra para sentirme más animado, más suelto hasta el punto de moverme según las melodías reproducidas por las bandas de paz, las batucadas y la música estruendosa de algunos autos animadores del festín. Con todo eso, sumando el alboroto generalizado, empecé a caminar de un lado a otro buscando buenas tomas, impresiones de los alborotados pero felices compatriotas. Así es como me di cuenta que los portadores de sombrillas habían aprendido la técnica de la sombrilla invertida para acaparar la mayor cantidad de dulces. Aquellos que volteaban sus protectores solares creaban un paisaje como si se tratase de capullos de roza abriéndose para dejar ir el polen, aunque en este caso el figurativo del polen caía dentro de ellas.

Al igual que la última vez, de nuevo aparecieron los superhéroes grigos sacados de las historietas de Marvel. Hoy se transportaban en un trencito desde donde saludaban a los niños de extremo a extremo. Detrás de ellos venían más carrosas con bellas reinas representando a distintas empresas y comercios de la ciudad. Los dulces continuaban lloviendo sobre los agasajados que se abalanzaban unos contra otros, cosa que a mí me provocaba gracia. En una de tantas llovederas de los empalagosos dulces, uno de ellos cayó como proyectil en mi cuello rebotando y aterrizando a unos metros, cerca de unos niños. Ni siquiera tuve tiempo de pescarlo y no fui el único ya que los demás que estaban a mí alrededor dijeron – puchica, con gran odio que los tiró – Solo me conformé con reírme un rato pensando en los prójimos baleados por golosinas enrolladas.

Las gigantonas de Jocoro ahuyentando al público.
Para evitar otro dulzaso me alejé del mar de gente y regresé a las cercanías del monumento a Mons. Romero justo a tiempo para ver girar como trompos a las Gigantonas de Jocoro. Ahí también me salvé de ser apabullado por los brazos flácidos de las mujeronas ya que, para provocar la corrida de los espectadores, las gigantonas se acercaban lo suficiente al público para hacer que huyeran o se agacharan evitando un porrazo que, regularmente, van a la cabeza. Así pasaron alrededor de quince mujeres de lona tratando de azotar las cienes de los distraídos. Tras ellas caminaban los chichimecos, unos vestidos de payaso, de acróbatas y hasta hubo uno que emulaba al famoso capitán Jack Sparrow de la saga Piratas del caribe. Y la fiesta continuaba con los inigualables viejos de agosto que venía haciendo de las suyas espantando a los más pequeños y sacando carcajadas a los más grandes. Sus cómicas coreografías les valieron muchos aplausos y en respuesta el diablo daba de coletazos al asfalto que a esa hora parecía roca volcánica.


Más y más carrosas se dejaban ver en el horizonte, lo que me hizo pensar que todo terminaría pasado el mediodía. Ya en ese momento me sentía tan emocionado como los que desfilaban, aunque no tan cansado y sudoroso como ellos a quienes les faltaba la mitad del recorrido. Las últimas bandas de paz en la fila vestían trajes muy vistosos e interpretaban canciones mas actualizadas como una de Marc Anthony, cumbias, arreglos folklóricos  y un par de canciones del género electrónico. Funcionaron tan bien que unas cuantas las canté de diente a labios mientras sonreía y palmeaba mis piernas. Luego de las interpretaciones de los jóvenes de la banda se venían los representantes de la empresa privada como Banco Azteca, La Prensa Grafica, Cooperativas financieras… y otras que pasaron demasiado rápido para leerles el nombre.

En medio de sus autos bien camuflados por sus insignias y pancartas publicitarias, iban payasos, batucadas y dos personajes bastante peculiares. Era un hombre y una mujer pintados de dorado imitando en su postura y forma de caminar a las estatuas de cobre y hierro. Algunos que vieron a estos dos personajes los saludaban y les fotografiaban, pero hubo un hombre mayor quien a lo mejor quería llamar la atención diciendo – llévenlos a la Cornucopia – Unos lo vieron sin entender por qué lo decía y otros reían al escuchar esa bobada.

Pero sin duda los que encendieron el clamor del pueblo fueron un grupo de empleados de FEDECASES quienes cambiaron los dulces por botellas plásticas, de esas que se ocupan para cargar agua donde sea. La gente formaba remolinos tipo avisperos, se jaloneaban, empujaban, saltaban lo más alto que podían e incluso utilizaban el método de la sombrilla invertida para atrapar las dichosas botellitas. Cuando me percaté que eran de los últimos en desfilar, decidí seguirlos desde la pasarela que conecta al Centro comercial La campana hasta las inmediaciones de la Lotería Nacional de Beneficencia. Entre más caminaba más era el tumulto de personas que se sumaba a la peregrinación pidiendo a gritos las benditas botellas. No sé si fue inercia pero me sumé a las peticiones y a la persecución. Más adelante, frente a la Universidad Francisco Gavidia, los empleados lanzaron varios de esos utensilios a la jauría que los seguía. Una de las botellas color azul y tapa blanca rebotó en los cables de electricidad y por fortuna cayó en mis manos. De no haber sido por los cables, a lo mejor me hubiera soterrado una avalancha de señoras y niños que luchaban casi a muerte por una de esas. Eso me dio confianza para continuar exigiendo más artículos y me lanzaron otro directo a las manos. Dos botellas de un tiro.
La Congabus de FEDECASES regalando artículos.
El desfile se alejaba pasando por debajo del puente, cerca del estadio Mágico Gonzales, con rumbo al parque Cuscatlán donde un festival gastronómico ya esperaba a un ejército de hambrientos. Esa era la razón idónea para seguir la intrépida carrera de los empleados que lanzaban botellas desde una Congabus pero, para mí, la travesía llegaba a su fin. Cuando caminaba de regreso hasta la zona donde aguarda el transporte colectivo, pude ver el trabajo de limpieza de los empleados de la Ordenanza Municipal. Unos cuarenta barrenderos recogían los desechos dejados por los espectadores y los depositaban en uno de los diez camiones que alcancé a ver. No hay duda que don Norman se lució con su pueblo. Tanto así que se los llevó al parque Cuscatlán para darles de comer a todos pues, de todos maneras, con una vez que se les alimente es suficiente para ganarse su confianza, sus halagos, el voto o quizá la candidatura presidencial de su partido…. eso ya es harina de otro costal.



Con algarabía sana y en familia terminó una jornada más de las fiestas patronales de San Salvador. Ahora restan tres días de amnesia temporal antes de volver a la realidad y empezar el último de los tres periodos en que dividimos el año los salvadoreños: Semana santa, fiestas agostinas y fin de año. Para cuando el encanto termine, la agenda nacional volverá a las portadas de los medios (bueno, aun sigue ahí), el sueldo se habrá esfumado y los empresarios tendrán una sonrisa flamante y, aun así, seguirán quejándose por lo mismo. Mientras las festividades duren, hay que hacernos la idea de que será para siempre, al final de cuentas agosto solo viene una vez al año.

jueves, 2 de agosto de 2012

El Salvador (la fiesta) del mundo - Primera parte

El pueblo se abocó al desfile inaugural de las fiestas agostinas.

Los festejos de nuestra capital, San Salvador, tradicionalmente arrancan el día primero de agosto; sin embargo, el derroche comercial inicia, cuanto menos, cuatro o cinco días antes. Esta celebración es dedicada al patrono de la cuidad, El divino Salvador del mundo cuya estatua descansa en el redondel que lleva su mismo nombre. Recuerdo la última vez que asistí al desfile de apertura denominado El desfile del correo. Para ese entonces mi abuela aún vivía acá en el país, mi hermana era soltera y yo un escritor sin saberlo. Desde esa fecha hasta la actualidad han pasado entre ocho y diez años, no lo recuerdo muy bien, pero lo que sí tengo bien presente es el ambiente, la sensación única de aquellos momentos que no se repetirán.

Este año decidí emprender camino de manera solitaria. Puede parecer raro ir sin compañía a un desfile, pero a mí parecer, no veo el impedimento. Así pues, tomé mi mochila tipo mailman y salí con paso constante ya que la hora avanzaba y no quería perderme de nada. Mientras marchaba a paso de sargento de milicia pensaba en cómo sería esta vez. Será que todo sigue igual, habrá alguna diferencia entre ir solo y haber ido varios años con mi familia. Me sentiré melancólico al ver a todos en compañía de sus esposas, novias, hijos, nietos, sobrinos, primos, amigos, amantes o simples conocidos cuando yo, en medio de un océano de cabezas, solo tenga el apego de mi mochila café grisácea, una botella de agua reutilizada, un lapicero y un cuaderno maltratado. De paso en paso dejé de divagar respecto a si iba o no acompañado pues, de todos modos, no asistía como un simple espectador o turista, sino como un reportero camuflado de joven desinteresado por lo que pase frente a sus narices.

A la distancia se escuchaban las explosiones de las varas de cohete, así conocidas para los salvadoreans. El tráfico ya había sido desviado debido al paso del desfile por la Alameda Roosevelt que lucía desbordada de gente esperando el banderillazo de salida el cual sería dado por el Alcalde Norman Quijano. Me detendré un momento con nuestro famoso edil coincidiendo así con mi llegada al redondel del Salvador del Mundo.

A eso de las nueve con cinco me encontraba ya en el lugar desde donde partirían. Estuve observando el entorno y mis pupilas no lograban divisar donde terminaba aquel gentío que bañaba toda la alameda. Entonces recordé que eso no había cambiado, era el mismo conglomerado con el que nos topábamos cuando mi abuela comandaba la expedición a esta selva humana. También las ventas no habían variado mucho: las lagartijas de material parecido al polietileno que se mueven en zigzag, las papalotas de papel, los molinillos de viento, botecitos para crear burbujas… Era una estampida de antiguas anécdotas de años atrás que volvían a mis pensamientos suavemente, sin golpear mi sensibilidad.

Estuve en actitud expectante por varios minutos hasta que mis oídos se llenaron del dilin dilan de los señores que venden sorbete y minuta en sus carretones. Parecía que eran una asociación de vendedores los cuales buscaban hacer su agosto en agosto pues no dejaban de sonar sus campanitas, se aparecían donde sea, y claro, como podían faltar con semejante clima de sancocho. A efectos de una sana competencia, aparecieron los eternos guacales sudorosos por el hielo del agua helada, sodas, jugos y cualquier otra bebida que ahuyentara la deshidratación. Por allá se escuchaba la frase acostumbrada del vendedor – ¡vaya elaguelada, elgua, elagua! – Todos a su estilo, pero nunca faltará el cantadito melódico y burlón.

La Congabus que transportó al alcalde y sus colaboradores.
Me fui alejando un poco del tumulto humano para examinar qué más había antes de que comenzara el desfile. Algunos participantes ultimaban detalles, las gigantonas de Jocoro alzaban sus cuerpos de más de dos metros para integrarse a la fila, la Congabus animaba a un pequeño grupo de personas jocosas que no paraban de reír viendo a un anciano bailar en lo alto del vehículo y algunos músicos tocaban sus instrumentos para calentar. Entre todo esto se escuchó el llamado con voz ronca de un hombre quien anunciaba que el alcalde estaba listo para darle lectura al Mando Municipal y así dar luz verde al desfile. Mientras este hombre lo llamaba mediante el uso de un micrófono, el señor alcalde ya estaba a unos metros del lugar donde se realizaría el acto; no obstante, aprovechó para platicar con sus buenos amigos de la prensa, esos que casi lo santifican por su gentileza, su formidable labor como líder de la capital. Un poco más y lo llaman señor presidente.

Bueno, nuestro alcalde ya nos tiene acostumbrados a esto. Primero habla con la prensa para darles a conocer sus proezas y de paso decirles que no hablen de cuanto se gastó en la organización de los festejos, eso incluye las olladas de atol shuco que amablemente regaló, los fuegos artificiales, los grupos de mariachi, la publicidad, los carnavales que se celebrarán, el sueldo de los del Tren de aseo… una cuenta muy grande, o quizá no le costó nada, pero el gasto siempre será grande. “Hay que comprenderlo, es el alcalde”. Luego de haber rezado con voz cortante el Mandato Municipal, se vino el juego de luces coloridas, bombazos que estremecían la grama en donde estaba parado. Entre el alboroto la gente se acercaba velozmente hacia el alcalde diciendo – ahí esta don Norman vamos a verlo – Sus voces denotaban emoción como si hubiesen visto a la Madonna grande. Es irónico ver a estos prójimos correr a lamer los zapatos de este señor. No niego su protagonismo, pero es como traer a la memoria lo que quería hacer con el monumento a Mons. Romero.

Por qué gastó únicamente en el Salvador del mundo y no en la estatua de nuestro mártir y santo. Si por el fuese ya estaría decapitada, pero no lo hace porque se le viene encima la critica y recuerden que él es amigo de la prensa, de los jóvenes, la empresa privada, los vendedores… bueno eso habría que discutirlo. En fin, nuestro pobre alcalde casi se atosigaba gracias a su fanaticada, sus fotógrafos y admiradores que lo aclamaban por darles tremendo festejo. Él y su equipo de trabajo subieron a la Congabus y se perdieron en el horizonte (más tarde, en las noticias de las 12:30 pm me di cuenta que bajó del vehículo y se dejó abrazar por su fanaticada).


Las bandas de paz ponen el toque musical.
Inaugurados los festejos capitalinos, comenzó el movimiento del desfile. Sonaban los tambores, las trompetas, el platillo, el güiro, las congas y todas las bandas quienes eran fielmente acompañadas por sus cautivadoras cachiporras. Señoritas de buen porte, piernas torneadas, macizas, maquillaje llamativo, trajes un tanto frescos para dejar ver su belleza cuscatleca. Atrás quedó el mito del cual se habló en su momento donde se decía que no más cachiporritas enseñando pierna pues, por ser menores de edad, eran victimas de acoso. Yo nunca me di cuenta de eso, salvo miradas seductoras como queriéndolas desnudar o una que otra foto, ahora para el feis, como dicen los jóvenes cibernautas y red-socializados.

La participación de los famosos Chichimecos.
Y en la fila también iban los mariachis pagados por don Norman. Tocando canciones de su tipo, desfilaron al compás de sus melodías. Tras ellos venían los chichimecos, hombres comunes y corrientes pero que, para esta ocasión, incrementaban su altura colocándose prótesis de madera en cada pierna para verse más altos y demostrar su equilibrio. A su vez, aparecieron los tradicionales viejos de agosto: la ciguanaba, el cipitio, el diablo rojo y negro, el cadejo, el micoleón… esos personajes que adornan nuestra mitología y que se resisten a morir olvidados por las nuevas generaciones. Hasta ahí, todo es parte de nuestra cultura, lo demás son adaptaciones poco originales de otras tradiciones occidentales. No recuerdo en qué momento incluyeron a Batman, Spiderman, Mickey Mouse, Bob Esponja y otros que se colaron a la celebración. Quizá se fue dando gradualmente pero no me percaté pues no asistía desde hace bastante.

Las carrosas son otro atractivo, y sobre todo las que van sobre ellas. Desfilaron muchas carrosas, alrededor de veintisiete, cada una con su reina o representante. Hasta la PNC presentó a su reina, muy linda por cierto. Todas ellas tienen tres funciones básicas: saludar, sonreír y tirar dulces al público. Hay quienes disfrutan tanto recolectar los dulces que lanzan las bellas señoritas que inventan cualquier método para obtenerlos. Hubo quien dio vuelta a su sombrilla para crear una especie de contenedor y así ganarles los dulces a los demás. Otros gritaban – aquí niña, aquí no ha tirado – o a un hombre quien grito con confianza – tía, tíreme unos cuantos – Y las muchachitas bien mandadas desparramaban los dulces entre la multitud. Aunque había unas que lanzaban poco, a lo mejor no les iba a alcanzar. A esto la gente respondía – mujer mas chucha. Como tres tiro la cabrona – y el desfile continuaba.
Esta es una de las tantas carrosas que desfilaron por las calles de San Salvador.

Los militares mostraron a sus caballos y jinetes en el trayecto festivo. Los caballos lucían esplendorosos, como sementales pura sangre. Otro atractivo fueron los escupefuego. Así los he bautizado pues no me atrevería a engullir gas, si es que eso utilizan, y luego arrojarlo sobre una antorcha en llamas para crear una bola de fuego que se siente a la distancia. La gente aplaudía su astucia, parecían conformes.

Nunca falta la belleza de nuestras cachiporras.
La mayoría de bandas participantes pertenecían a centros escolares. Pensé que no cabría la distinción entre unos y otros pero, por lo ocurrido al final, tengo que hacer remembranza a esa notable separación. Cuando me encontraba resguardando mi pellejo del sol, vi venir a un grupo numeroso de adolescentes con sus típicas mochilas a las que llaman coladeras. La mayoría de ellos cargaban perforaciones en sus rostros, camisas llenas de garabatos, jeans por debajo de la cintura, cinchos gruesos, cabelleras llamativas y miradas intimidantes. Eso alarmó a mis instintos intuitivos y desde ese momento supe que algo tramaban. Cuando el desfile estaba por concluir, se produjo una especie de riña que hizo que la gente corriera como escapando de un panal. Varios de ellos fueron capturados por la policía y los cuerpos de salvamento corrían en busca de algún herido. Mi curiosidad fue grande y me acerqué hasta el lugar de detención pero no pude ver a nadie herido, quien sabe que sucedió.

Luego de dos horas más o menos, el desfile del correo terminó como todos los años: calles inundadas de basura, gente que busca los lugares de comida rápida para almorzar y otros que caminan hasta sus casas bajo el incandescente astro rey. Pero, si hay algo que destacar de nuestro famoso alcalde es que ha implementado una forma para limpiar las calles luego del desfile. Sus camiones van detrás de todo el algarabío para ir limpiando las aceras y las cunetas. Al menos nuestra ciudad no queda empapada de desechos como antes.


Este fue el primer día oficial de festejos al Divino salvador del mundo y el pueblo respondió en gran cantidad, en familia y en tranquilidad, salvo ese incidente que ya había previsto. Ahora quedan cinco días de jolgorio, consumo (o quizá CONSUMA), carnaval, comidas típicas, juegos mecánicos y lo que se le antoje para gastar a precios de feria. Aunque el simbolismo de estas festividades es tragado por el comercio abundante, todos somos consientes que son nuestras fiestas patronales y por ende tratamos de disimular el rostro desencajado y lo cambiamos, al menos por unos días, por un rostro optimista y despreocupado, total son las vacaciones de agosto. 

miércoles, 1 de agosto de 2012

Epístola neonata


Anoche, recostado sobre la disparidad de mi cama, escuchando la lluvia y deseando no morir, pensé en dirigirme a ti como ya antes lo he hecho para estos días. La diferencia es que hoy estas distante, atareada y con el tiempo sobre las espaldas. Por un instante tuve la intención de levantarme y comenzar a escribir, pero el sueño me estaba aprisionando los párpados, congelaba mis piernas y limitaba mis capacidades de imaginar, crear y fabricar letras con sentido melódico, sueltas y disueltas como sobrecitos de café instantáneo.

Cuando amaneció mi subconsciente parecía que hablaba solo. Esto no es de hace poco, viene desde meses atrás. Desperté escuchando a mi voz interior hablar sobre lo que había soñado en la madrugada. Pensaba y filosofaba mientras yo sentía temor pues, de hacerse realidad, al menos uno de los dos sueños, no pasaría mucho tiempo para que estos escritos fueran lo único que quedara de mí. En fin, logré despertar del mundo desconocido y no había olvidado el deseo de redactar esto el cual tiene un objetivo especial.

Te he dicho antes que en estos días la compañía de tu cuerpo hace más ligero el pasar del tiempo; sin embargo, cuando estás lejana a mis entrañas se me revuelve el pensamiento, me aflora el instinto sobreprotector e imaginativo. He tratado de compensarlo trabajando en la cuna de mis creaciones, leyendo libros, cantando canciones una y otra vez, pero es imposible no pensar en tus tierras acaneladas, en tu sonrisa de esplendor astronómico, en esas sutiles manos de niña inmaculada que acarician mis cabellos cuando estas en posición de bésame lentamente. Como no atormentarme sin han transcurrido días desde la última vez aunque, según mi reloj, han pasado años de espera, de encierro y me estoy desabasteciendo de tu dulce mirada chocolate.

No obstante, esta vez no quiero caer en sentimentalismo, más bien quiero seguir la línea que ya había trazado antes que te distanciaras: la ruta poética desenfrenada y embelesarte a pesar que no sea viendo tu rostro de ángel más bello que los retratados en la Capilla Sixtina. Sé que esa forma de expresión te despierta la suavidad del alma, te hace navegar en nuestro planeta arcano pero real. Mis palabras vestidas de ingenio poético te ilusionan y más de alguna provoca una sonrisa tal como lo haces ahora.

No me equivoco al pensar que, en este justo momento, piensas en mí, me imaginas leyéndote estos fonemas más valiosos que el propio lenguaje como lo habíamos hecho año con año. Hoy no es como siempre. Estás leyéndolo sin mi presencia, sin mi típica forma de oratoria nerviosa, de momentos ronca pero con los ojos puestos en tus impresiones a medida voy bajando por los párrafos. También sé que me extrañas, y como no hacerlo si este día siempre la pasábamos juntos en la pasividad de tu hogar, junto a tu familia, algún obsequio, pero más importante que eso, estabas conmigo y con eso eras feliz.

Este día, hace un trio de años, nació mi filosofía bajo la cual sigo inspirado. Sin darnos cuenta somos padres de nuestra propia felicidad, de un mundo inmenso pero al mismo tiempo discreto. Para mí apenas van cuatro, aunque tu calendario biográfico diga diecinueve. En verdad eso no importa pues la belleza de tu ser está envuelta bajo tu piel acanelada, muy por debajo de tu figura moldeada a mano. Ahí donde el palpitar de tu corazón te mantiene viva y llenas de aire tu organismo entero.

Sabes una cosa, hubiese deseado que siguiéramos la tradición, sin embargo, hay que dejar que el destino fluya en su cause, a su gusto ya que quizá, lo que hoy vivimos, tiene una misión especial que todavía no se logra descifrar. Así pues, te obsequio estas oraciones de mi alma, con amor, devoción y total entrega a ti, la madre de mis versos, la fuente de mis pensamientos, la más hermosa flor del jardín que Dios creo en la tierra. Mi filosofía, te deseo hoy, más que un simple “felicidades”, todo lo que necesitas para vivir feliz. Desde acá, el planeta que lleva tu divino nombre, solo anhelo que sigas creciendo junto a mí para brindarte el amor más puro, ilimitado y transparente el resto de tus días… Hasta luego mi pequeña preciosa.

martes, 31 de julio de 2012

Las manos de mi madre


Ayer hablé por teléfono con mi abuela, una señora que a sus 67 años camufla el tiempo con arrugas finas, estéticamente bien ubicadas, ceñidas a su frente y su rostro. Ella es un alma más en el paraíso de los pobres, como dice Manlio Argueta al referirse a los EE.UU en su obra “Los poetas del mal”. Y no es simplemente una metáfora figurativa sino una realidad constante, sonante y sufriente. Nuestra comunidad en el imperio norteamericano sobrepasa los 2 millones que, paulatinamente, han ido emigrando hacia ese país desde tiempos de la guerra civil.

Esta aldea de guanacos asentados en territorio gringo se movilizó como una especie de refugiados de la guerra, aunque para Migración siempre fueron, son y serán indocumentados, ilegales o en su lingua franca: fucking salvatruchos. Tal calificativo nos tiene por debajo del estatus que gozan poblaciones emigrantes como los asiáticos, los judíos e incluso comunidades musulmanas pues ellos, al menos, no se ven obligados a corre de los federales, del FBI, los sheriff o de cualquier otro afroamericano racista. Tampoco son los encargados del trabajo indeseado, pesado y desmoralizante. Claro, que lo hagan los salvachucos si de todos modos ellos vivieron siempre como animales, aves de rapiña, carroñeros, puñeteros, cule…

Eso no lo confirmo yo, lo confirma mi abuela, mis tías y mis tíos que han residido allá, en promedio, no más de dos décadas. Cuando conversaba con ella (mi abuela) me decía que le había llegado su golpe de suerte pues, cuando se dirigía hacia una farmacia, al bajarse del auto, encontró nada más y nada menos que 201 dólares tostados y un poco rasgados. Su voz denotaba gran sorpresa y satisfacción pues con ese dinero ya podía mandarnos unos cuantos billetitos para disfrutar las fiestas de agosto: un churro español, elotes locos, papas fritas, las ruedas y uno que otro dulce típico. Para mi nada de eso tiene el mismo gusto cuando su ausencia se hace presente en estas épocas festivas. Luego prosiguió diciendo que para que nos alcanzara había ido a limpiar una casa cerca del lugar de residencia de uno de mis tíos. Ahí ganó 40 dólares. En mis adentros solo pensé cómo es posible que a su edad tenga que limpiarles la mugre a los gringos por esa cantidad cuando, por pura casualidad, encontró dinero ajeno. Para ella fue como un milagro, para mí una burla.

Nuestros hombres y mujeres son para el imperio la mano de obra barata, los limpia baños, los meseros, los albañiles, las niñeras, la servidumbre, los aguanta todo, los cómelo todo, los véndelo todo… hasta aquí déjemelo para no estropear las proezas de Roque Dalton. El salvachuco es el más valiente de los desgraciados pues hace lo que el gringo acomodado no se imagina. Somos los que ordenamos la casa del patrón y bajamos la cabeza como perros regañados para que nos tiren la tortilla dura, nacida y revolcada. Somos la porquería que más necesitan, la piltrafa que les mueve una parte de su burocracia económica y, aun así, seguimos siendo los perseguidos, marginados y desprotegidos. Para el monstruo capital somos esclavos sin valor que nos descuartizamos  por un quarter así tengamos que trabajar los siente días de la semana.

Y mientras aquí, en el valle de las hamacas, el burdel de los políticos, la casa del miedo y patios adornados con plantaciones de osamentas, esperamos con desesperación que nos depositen el dólar del sustento, el dolor de los sustentadores. Ese juego de transacciones mantiene la mayor parte de nuestros ingresos nacionales reflejado en el PIB con un 16%. Cualquiera diría que los salvachucos somos holgazanes o holgazanes analfabetas, o quizá holgazanes analfabetas delincuentes o también holgazanes analfabetas delincuentes y ricos. Bueno podemos ser todo eso y hasta ricos: ricos en desempleo, en crecimiento demográfico, en contaminación, en consumismo, en delincuencia, muertes, extorciones, corrupción… y la lista se engrosa todos los días. Pero la realidad es que, si vivimos de las remesas es porque estamos huérfanos de estado, de identidad nacional y divididos política y económicamente: derechos e izquierdos y pordioseros versus oligarcas.

Los términos medios están socavados por la polarización que los absorbe hasta el punto de hacerlos desaparecer; sin embargo, las voces de denuncia siempre resuenan haciendo chillar los oídos del politburó de este desquebrajado Estado “soberano” donde lo más importante es que, quien llega al gobierno, tiene un tiempo máximo de cinco años para robar, saquear y destrozar los bienes que nos pertenecen y, ¡vaya resultados!: siempre lo logran con puntaje perfecto. No obstante, siempre hay opositores que les amargan la fiesta, pero no son opositores que favorecen a las mayorías, sino opositores que ven en el enemigo un atentado a sus sagrados recursos e integridad de padrastros de la patria. Y si no pues vean el resultado de cuando dos bandos están inconformes con su tajada y se sienten amenazados: modifican las leyes, se autonombran la hostia consagrada y corren a buscar gente barata para que se sientan respaldados. Mientras los otros, ejerciendo su papel de oposición férrea de carniceros, se amparan milagrosamente en argumentos verdaderos para frenar los abusos de su enemigo, no sin antes planear su regreso al poder. Y el pueblo qué, alguien nos explicó para que entendamos la situación. Todos nos creemos politólogos, climatólogos, sociólogos y criticólogos en estas situaciones, mas nadie sabe el trasfondo en el fondo asqueroso y malévolo de estos padrastros de la patria.

Por la ignorancia a la que nos someten, muchos se divorcian de la participación política pues lo ven como algo lejano a sus vidas y no se dan cuenta que por eso seguimos pobres, por nuestra apatía seguimos sin trabajo, sin oportunidades para los jóvenes que ven como mejor opción emigrar ya sea legal o ilegalmente al norte, al país de los sueños, el paraíso de los mundanos. Allá donde se habla de Dream act, Ley anti y pro inmigrantes, ciudanía para todos, sin embargo, todo es parte de la oratoria electoral de los reyes capitales que prometen un nuevo paraíso en el paraíso. El salvachuco sigue siendo el instrumento de los monopolios aquí, allá y donde la pobreza de sus almas sea bien vista por las multinacionales.

Mi abuela se despide dejando sus saludos al batallón de prójimos que la conocen y la echan de menos. Me promete depositar el dinero lo más antes posible sin que yo haya dicho una sola palabra respecto a eso. Mejor prefiero hablarle de las mascotas que la esperan acá en mi casa, pues solo así pude guardar mis palabras melancólicas y filosas en contra del capataz yankee y su mundo de oportunidades para quien quiera servirles de peón con contrato eterno y sin apelaciones.

domingo, 29 de julio de 2012

Aquí huele a muerte


La edición 212 de la revista Séptimo Sentido que se publica todos los domingos en la Prensa Gráfica nos presenta una crónica del periodista Carlos Chávez en la cual se habla no de un vicio, sino de una total adicción a los cigarrillos. Resulta peculiar que el propio periodista es parte de las estadísticas de fumadores en El Salvador e interioriza en los casos de algunos ex-adictos quienes, en sus historias, develan el poder desgarrador y sigiloso del humo de la muerte.


Link de acceso a la crónica- Séptimo Sentido- La Prensa Gráfica

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A nuestro paisito moribundo no le vasta con las toneladas de gas metano, dióxido de carbono, desechos gaseosos de las grandes fábricas, los aerosoles que usamos a diario, las humaredas producto de la quema de basura pues, a toda esta amalgama de residuos tóxicos le sumamos el que proviene de las chimeneas de nuestros orificios nasales y bucales. Digo “nuestros” pero debería decir el de los otros, ya que no soy ni he sido parte de las escasas estadísticas que existen sobre los fumadores activos de El Salvador. Sin embargo, soy de los que nos tragamos el humo donde sea que vayamos: el de los buses, el de la gente que cocina con leña, de la basura rostizada y, el mas común, el de aquellos que se inyectan nicotina y 4,000 tipos de veneno enrollados en una especie de papel blanquecino, atractivos a la visto de los perturbados.

A veces, los genes juegan un papel considerable a la hora de estimar quién es más propenso a caer en alguna adicción; no obstante, para caso particular, ni los genes, ni las amistades, ni las influencias del mundo moderno me han amedrentado para probar un cigarro. Soy joven, y de uno solo esperan decisiones incoherentes e inmaduras. Es por eso que somos los más vulnerables al entrar en contacto con agentes adictivos como el tabaco.

Es triste darse cuenta que el 30% de la población entre los 12 y 15 años ya se consideran fumadores activos. Pero, por percepción visual, yo diría que el 30% es cosa de años atrás pues ahora es más fácil encontrar a un joven afanado con una caja de cigarros que encontrar a uno de ellos leyendo un buen texto o incluso la biblia. El resultado de estas practicas auto-flagelantes lo veremos en unos años cuando la tasa de enfermos por enfisemas, tuberculosis, neumonía, insuficiencia renal, cáncer pulmonar, etc., sea mayor a la de hoy y al mismo tiempo, la productividad de los adultos del mañana sea raquítica, nauseabunda en insuficiente.

Otro aspecto que llegó a mis neuronas limpias de nicotina es el hecho de que las empresas multinacionales que distribuyen el humo del hades venden su dosis letal a un precio menor que en otros países. Cualquiera diría que es un acto de gratitud hacia los fumadores insaciables pues se les facilita obtener el preciado estimulo, pero al razonarlo mejor, es muy obvio que por ser un país desvalorizado por su tamaño, productividad y fama de carniceros, nos bombardean con millones de cajetillas sea cual sea la marca, al final el resulta es el mismo.

Acompañado de lo anterior, en el país no existen leyes verdaderamente rigoristas para controlar el consumo de tabaco y, más allá de eso, algo que garantice la salud de la población. Claro, como se trata del Santo mercado capital nadie quiere meter las manos al fuego para no perder su tajada, los impuestos y una bonita dosis de Marlboro. Mejor se convierten a los de la idea simplista de que es mejor darle al pueblo lo que piden así sea matarratas, pepto-marihuanon, aspi-nicotina, lora-alquitrán

Y mientras tanto, en el Hospital Neumológico se reúnen todos los que fueron complacidos por las leyes y quienes dieron de su dinero a las multinacionales para enriquecerlas, al mismo tiempo que acababan con sus vidas. Ellos tratan de hacerse escuchar entre los que empiezan a darse cuenta que 10, 11, 12 o más cigarros diarios es como restarle a nuestra vida 6, 7, 9 o mas meses que se vuelven años debido al deterioro de sus cuerpos. Todos ellos han experimentado y sufrido los tormentos del humo de la muerte, para algunos es demasiado tarde; sin embargo, para los que están esparcidos en este rincón de Centroamérica, todavía hay esperanzas antes que el propio humo los consuma y se los lleve el viento.