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lunes, 6 de mayo de 2013

Escuálido

A finales de abril se dejó venir. Así se pintó el tapiz de nuestras cienes como un velo de ancho grosor que bañaba los arriates y arrabales. La bendita madre ciencia falló en sus augurios. Todo ha comenzado nuevamente. Nos abraza el sol; nos alimenta el agua.

Aquí en el inframundo se respiran moscas y se tragan zancudos. La naturaleza se ensaña con los mil veces castigados. Pero quién es la naturaleza. La naturaleza no es la sencillez de las cosas hoy en día. Tampoco es natural el mandante y el peón, la patrona y la sirvienta, el empresario y el obrero. La naturaleza es todo sin degradación.

Lo natural es puro en esencia, no se pudre solo madura y vuelve a florecer. Pero qué tiene de puro explotar nuestra tierra, quemar nuestro aire y curtir nuestras aguas. Qué tendrá de puro matar de hambre al pobre y engordar de promesas al ignorante. ¿Esa es la naturaleza primitiva de la cual todo comenzó?

Mi trozo de país camina a ser el desierto de Centroamérica. El agujero negro, el botadero regional, un simple terreno marchito. Ya nada es tan puro como antes. Alimentamos al desnutrido con la cosecha del valle de Zapotitán, una cosecha que crece con las aguas metalizadas en plomo, arsénico y zinc.

En los tugurios más inhóspitos el estudiante bebe agua de pozos atestados de eses por las fosas de las casas de cartón. Y si no beben de un pozo se engullen el agua potabilizada con los metales pesados y fertilizantes del rio Lempa. El mal no se ve, no se siente pero lo conocemos y lo dejamos pasar.

Aquí en los arrabales compramos del mercado nuestras verduras, aquellas del valle de Zapotitán, el queso de contrabando y las gallinas secas que se atragantan con sus excrementos y el concentrado. El que puede va al Super en los días de oferta. Compra la carne, los chorizos, el jamón o la mortadela. El pollo inyectado con hormonas, las frutas manipuladas genéticamente y todos los productos enlatados rellenos de experimentos, y nosotros el chivo expiatorio.

Los de saco y corbata, los que nunca andan a pie sino solo en campaña electoral, se nutren del producto importado de los restaurantes que colonizaron los suburbios más elegantes. Se comen el mundo. Sí, el mundo entero. El churrasco traído de argentina, la pasta italiana, el sushi asiático, el arroz cantonés chino, etc, etc. Se comen las manos de muchas personas, el sudor de los peones de otros países, la riqueza de naciones que al igual que nosotros, están siendo minadas por corporaciones foráneas o por sus gobernantes.

Las quebradas pestilentes ven pasar la primera correntada. Ahí van los zancudos de la fiebre amarilla, el dengue. Hasta las desembocaduras bajan los desperdicios de los arrabales, las llantas de las fábricas, el plástico de las empresas, los electrodomésticos de las industrias. Ahí va toda la basura de nuestro consumo enfermizo. Solo es basura dice el inconsciente, cuando la verdad es que esa basura podría ser nueva vida.

El agua arrecia en la tarde noche. La carretera recién remodelada la estrenaron con un múltiple accidente de película. Como en la mayor parte de los casos, un autobús. Esas chatarras que casi llegan al nivel de carretas son las que tiñen el aire del gas mortífero para la flora, la fauna y nuestros pulmones. A la par de estos monstros de latón están las fábricas que vomitan al aire sus contaminantes.

Mientras llueve las familias de los arrabales cercanos a las quebradas pestilentes no despegan el ojo del caudal. En cualquier momento rebalsa y puede llevarse sus casas de cartón hasta las desembocaduras para hacer más abultada la colección de desechos. La gente le echa la culpa al suelo, pero el suelo solo reciente el peso de la densa población, de las construcciones improvisadas y la erosión inducida por nuestra propia cuenta.

Y cuando las tragedias pasan, el luto llega a estas familias. La prensa habla de fatalidad, de desastre y por poco del Armagedón. Pero olvidan que si estas familias son vecinas de los barrancos es porque en el país hay más proyectos urbanizadores de clase alta que proyectos para gente que vive con plásticos y pilares de madera. Hay más construcciones en centros comerciales que rapan los espacios verdes y se deja de lado la necesidad de una vivienda digna para los marginados.

Al día siguiente el sol nos vuelve a freír en seco. La madre ciencia pronostica el inicio del invierno para mediados de mayo, pero la reina dominante aparecerá antes de lo previsto. El calor nos sofoca, nos asfixia y nos provoca ceguera al ver reflejar la luz en el vidrio de los autos y en el pavimento que parece ondear como una bandera en su asta.

Ya estamos en mayo. El jueves la lluvia arreció con el poder de los rayos y el domingo nos cobijó en las horas de sueño regalándonos una velada fresca. Esa expresión fluida es la naturaleza. Implacable, impredecible y espontánea. El sistema más perfecto, mucho más que la estafa del sistema financiero, la política o la ciencia. Esa sincronía está en peligro gracias al vandalismo de nuestras ambiciones.


Nuestra reina madre del sustento ha cambiado por la búsqueda de nuestro “progreso”, las nuevas tecnologías y el sistema capital avaro y mercantilista. Este trozo de país es un grano de arena en este planeta explotado, sin embargo este espacio es el único bien que poseemos desde que venimos a este mundo. No hay reemplazo, no hay donde ir. Mientras el mundo no tenga equilibrio, nuestro futuro de “desarrollo” no será más que el camino hacia la pudrición y no hacia la madurez y el nuevo florecer.

martes, 19 de febrero de 2013

No, no basta rezar



“No, no, no basta rezar 
hacen falta muchas cosas 
para conseguir la paz, 
no, no, no basta rezar 
hacen falta muchas cosas 
para conseguir la paz”


En un mediodía caluroso de sábado, estaba frente al monitor de mi computadora cuando mi abuela, como si se tratase de una injuria, me dijo que le bajara el volumen a una canción de Los Guaraguao que se escuchaba atenuada. –Bajale que a los mareros no les gusta esa música. -, -va que es de la guerrilla – dijo mi abuela a regañadientes. Mi sorpresa fue tanta que no sabía que decir. Estuve en silencio unos segundos y solo logré decirle “ya no estamos en guerra”.

Y es que una cosa no tiene que ver con la otra, ¿o sí? La paz firmada en el 92 le dio paso a la transformación de las instituciones de gobierno. Nacieron nuevas y se desintegraron otras. Las FAES se depuraron, el espectro político dio la bienvenida a la primera guerrilla en el mundo que se convirtió en partido político (FMLN), la democracia se echó a andar y el sistema de “libertades” quedó bajo la cautela de organismos estatales y acuerdos internacionales.

El andamiaje neoliberal hizo del país uno más de sus enclaves, la inversión extranjera llegaba más seguido y el libre mercado daba credibilidad temporal al supuesto de Cristiani sobre “la teoría del rebalse” (de todos conocida que por muy estupenda que sonaba, la copa de arriba no tenía fondo y las de abajo se llenan a cuenta gotas). Así nos alejábamos de las balas para encaminarnos a la bendita paz que tanto anhelamos. Y ahora, ¿dónde está?


“Y rezan de buena fe 
y rezan de corazón 
pero también reza el piloto 
cuando monta en el avión 
para ir a bombardear 
a los niños de Vietnam, 
para ir a bombardear 
a los niños de Vietnam” 


Acabó la “guerra fría”, el fin de la historia para algunos teóricos, pero para mí, es el inicio de una etapa unipolar construida desde el siglo anterior. Desapareció el oso gigante del este y con él la utopía del comunismo, Marxismo, Leninismo, Estalinismo y toda corriente que se le parezca. Ahora, en nuestra era, los que marcan el paso de una alternativa al universo unipolar se hacen llamar castristas o chavistas, social- demócratas, socialistas del siglo XXI y su conjunto que defienden un gobierno social mientras rechazan firmemente los oligopolios y el dominio privado. Claro está, no son los únicos, pero sí los más relevantes en nuestras tierras latinoamericanas.

Los llevo a navegar un poco por la historia para reflexionar sobre nuestra posición como país en base a nuestra experiencia de salvadoreños, o salvachucos, a mi léxico propio. La guerra civil entre 1980 y 1992 fue la expresión del descontento social de un país explotado por el puño de los terratenientes, aminorado por el abuso de los regímenes militares y, finalmente, saqueado gracias a las oligarquías y élites simpatizantes del capital en la época contemporánea.

Bajo este contexto se desplazan muchos de los cambios en nuestra tierra de barro y café. La guerra de las extremas, de los dos mundos separados por la desigualdad en riqueza, continúa a pesar de las reivindicaciones sociales de los últimos años. Es, como dicen muchos periodistas y hasta empresarios, “darnos atol con el dedo”. La deuda con el pueblo es grande en términos superlativos. No solo implica el desequilibrio económico, la impunidad de las leyes, el desarrollo en la educación y servicios estatales. El problema también es con el estigma, el pasado que decidieron dejar en el olvido, los que nunca fueron reconciliados y ahora viven con el miedo y el odio de ayer.


“Cuando el pueblo se levante 
y que todo haga cambiar 
ustedes dirán conmigo 
no bastaba con rezar, 
ustedes dirán conmigo 
no bastaba con rezar” 


Creo firmemente en la voluntad del pueblo, creo en el poder de la voz, el poder de la denuncia y de la organización. Hemos demostrado saber batallar contra el sistema, hemos visto mártires que marcan con su sangre el camino de la verdad, pero no hace falta otra guerra para volver a pelear por lo que es nuestro. No hace falta ver más héroes anónimos o mártires para alzar nuestras cabezas y exigir justicia imparcial.

Lastimosamente, a nuestros ciudadanos nadie los reconcilió en paz, nadie pactó un acuerdo social, nadie garantizó la reparación de los daños causados por aquel conflicto de clases, nadie priorizó en la generación futura, la de postguerra, la que hoy sigue creciendo con el germen que no pudo ser combatido a tiempo. Ese germen venenoso es el de la violencia. La violencia en todas sus expresiones, desde el núcleo familiar o más bien desintegrado, hasta en las partidocracias que se difaman y amenazan en el Salón Azul.

El germen masivo de la violencia nos mantiene distanciados como un imán soberbio, y al mismo tiempo nos ahuyenta por el miedo represivo a ser víctimas de él. De ahí nacen los estigmas hacia el proletariado, aquellos que viven a las puertas de barrancas, de arrabales, quebradas y líneas férreas, o aquellos que yacen en el olvido entre fincas y cafetales. Este pueblo, que es la mayoría, una mayoría pobre, es el que sufre el efecto secundario de las heridas del conflicto armado, ahora transformado en un conflicto social.


“En el mundo no habrá paz 
mientras haya explotación 
del hombre por el hombre 
y exista desigualdad, 
del hombre por el hombre 
y exista desigualdad” 


La década de los noventa vio nacer una nueva forma de violencia y también una nueva forma de explotación. La burocracia de entonces (los viejos ricos de hoy) dijeron “este es el progreso” alzando su mano derecha y puño cerrado, mientras que con la izquierda entregaban nuestros bancos, nuestra energía, nuestra agua, ríos y montañas. Entregaron las riendas de nuestros recursos naturales, nuestra tierra y sustento. Mientras ellos defendían la afamada libertad como única opción de paz, el pobre excombatiente comía plomo de sus balas rezagadas. El guerrillero mordía su bandera roja en señal de descontento y arriba las partidocracias comenzaban a engordar sus bolsas.

Inventaron una “Ley de Amnistía” para librarse del mal, los fueros, los beneficios de ser un “padre de la patria”. Crearon un fantástico sistema de impunidad del cual todos aprendimos. El país atendió a la frase “perdón y olvido” como abejas sosegadas por la luz de un candil. Nos vendieron el desarrollo, modelos de otros países y hasta el “dólar” como el santo grial para nuestra desdicha. Los tentáculos de la élite funcionaban a la perfección. El aparato ideológico hacía su parte: menos cultura y más progreso, menos preguntas y más progreso, menos información y más progreso.

El velo de la ignorancia que cargamos los salvachucos es tan longevo como nuestras raíces. La educación, para la élite, es peligrosa. Nos privaron de leer, de aprender a aprender, de investigar, de conocer nuestra cultura e incluso la eliminaron para que no nos interesara otra cosa más que el progreso, el sueño americano, las urbes europeas, los malls, el mercado, las ofertas y las marcas. Nos arrinconaron en un pequeño mundo plástico, mientras su discurso proclamaba el libre albedrío.

Su sistema gobernante, la apatía para resolver los conflictos de la postguerra, la pobreza, el analfabetismo y el sometimiento para no conocer la verdad fueron la cuna para los inmigrantes repatriados, aquellos que corrieron de las balas, pero que se enfrentaron a la pesadilla del norte. Sus cuerpos regresaron tatuados, sus mentes corrompidas y sus sueños truncados. Volvieron al valle de las hamacas para reproducir lo que el imperio norteamericano les enseñó en sus calles. Aprovecharon las rajaduras de nuestro pueblo para reclutar a los hijos de la guerra, agrupar a los huérfanos y enfrentarnos a otro tipo de guerra, la de las pandillas.


“Nada se puede lograr 
si no hay revolución 
reza el rico, reza el amo 
y te maltratan al peón, 
reza el rico, reza el amo 
y te maltratan al peón” 


Cuando mi abuela me reclamó quitar esta canción, realmente hizo alusión a dos cosas que resultan venir del mismo vientre. Su experiencia con la guerra demuestra ser tan similar a la experiencia de la violencia que hoy se vive en cualquier rincón de este pulgarcito. No fue una simple confusión sino una relación directa con la violencia de antes y la que hoy cobra miles de vidas por año. Es alarmante pensar en que nuestra sociedad de postguerra vive como si el conflicto jamás hubiese terminado, ¿o es que aún persiste? La evidencia parece decir que sí.

Veintiún años después de acordar el cese al fuego, las balas siguen desangrando a los hijos y nietos de la guerra. Muchos, al igual que yo, intentamos entender las tres décadas pasadas, hacemos conjeturas, buscamos la verdad en las pocas fuentes que se encargaron de atar cabos y denunciar los crímenes de lesa humanidad. Muchos, como yo, aún se preguntan si la paz se firmó con tinta o con sangre, si se cerraron todas las heridas o aún existen verdades a medias o mentiras completas. Lo cierto es que mi generación está obligada a remontarse a sus raíces, a conocer la verdad, a hacer justicia, anunciar, denunciar y no esperar a que los mismos de siempre nos digan cual es la versión completa. Nuestro compromiso es reparar y nunca olvidar, actuar y no simplemente rezar.




martes, 29 de enero de 2013

Mineros a cielo abierto

La contaminación ambiental es palpable en todo el territorio nacional. Pero la más evidente es aquella que por apatía cultural hemos practicado durante generaciones. Este es el caso de los desechos sólidos y su mal tratamiento. Sin embargo, detrás de dicho problema ambiental, están sepultados los anhelos de cientos de pepenadores, que al igual que Silvia, buscan entre los promontorios de basura el diario vivir. Los rellenos son sus minas, y el material reciclable el oro más abundante pero uno de los menos remunerados y más peligrosos para la salud y el ecosistema.

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Los camiones de basura no han dejado de pasar desde las 5:00 am, hora en que Silvia y sus jóvenes pupilos aguardan en la calle polvorienta que da acceso al relleno sanitario de Nejapa. Ella junto a un grupo de alrededor de 15 menores se abalanzan a cualquier camión que transita en dicha calle con ruta al relleno. No portan más que unas bolsas plásticas y algún otro, con suerte, ha logrado colocarse trapos viejos en las manos y al contorno de su boca y nariz para repeler la pestilencia de los lixiviados que se desparraman a medida el camión se desplaza tambaleándose por la calle polvosa.

Silvia vive en una casucha en el desvío hacia el relleno sanitario de Nejapa, sobre el kilómetro 27 ½ de la calle Quezaltepeque. Ahí descansan todos sus chicos a los que ella cuida como hijos propios. A sus 45 años, dice sentirse en la obligación de velar por cada uno de ellos. –Aunque unos tienen a su nana, yo aquí les doy donde estar y vemos como sacamos para comer – Silvia ya no está en condiciones de montarse en un camión recolector de desechos en plena marcha y mejor espera en su hogar que carece de techo y donde las paredes a leguas se notan deterioradas. No le queda más que encargarse de la clasificación del material que los chicos recogen.

Al momento de encontrarlos, los menores –de edades que rondan entre los 11 y 25 años – departían sobre una esquina y jugaban naipes, parecían entretenerse. La presencia de menores de edad en estos lugares no es un fenómeno nuevo pues en 2002, un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) junto al Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) presentó evidencias de dos botaderos a cielo abierto –el de Mariona en Apopa y el de Cutumay Camones en Santa Ana – donde comprobaron la presencia de niños entre 10 y 12 años escarbando entre los desechos hospitalarios y radioactivos. Por tanto, ellos  catalogaron la pepena de basura como una de las peores formas de trabajo infantil debido a las condiciones de insalubridad que se viven en dichos lugares.

Ahora, el panorama no es diferente en este relleno sanitario, antes botadero a cielo abierto. Entre los años de 1992 y 2001 la cobertura en el servicio de aseo -según el censo de desechos sólidos realizado en 2001 por el Ministerio de Medio ambiente y Recursos Naturales (MARN) – era de 182 municipios y fue incrementando a partir del 92 a razón de 5 municipios por año. Esto acrecentó la proliferación de botaderos municipales que no cumplían con los estándares de protección hacia el medio ambiente y la población aledaña a la zona. Para 1998 se aprobó la Ley del Medio ambiente la cual pretende revertir el efecto de estos botaderos clandestinos mediante el asocio público-privado, los municipios y los habitantes en general.

Sin embargo, en dicha legislación no se contempla la existencia de pepenadores dentro de los botaderos a cielo abierto, ni mucho menos se habla sobre medidas de protección para quienes le dan tratamiento a los desechos. Un año después, en 1999, se crea MIDES, una Sociedad de Economía Mixta con participación de inversionistas privados y un consejo de alcaldes del área metropolitana conocido como COAMSS. A partir de entonces, este consejo conformado por 14 alcaldías inició un proyecto para la construcción de un relleno sanitario que cumpliese con todas las normas ambientales internacionales para el desarrollo de un programa de Manejo Integral de Desechos Sólidos (posteriormente se convirtió en un reglamento vigente desde el 2000). Es así como el botadero a cielo abierto de Nejapa pasó a ser un relleno sanitario administrado por MIDES y sus alcaldías asociadas, alcaldías que hoy infestan a diario las instalaciones con toneladas de basura provenientes de los suburbios urbanos y las colonias más populosas de Soyapango, Mejicanos, San Salvador, entre otros.

Paradójicamente, el mal manejo de los desechos sólidos es la única oportunidad que tiene Silvia y sus muchachos para sacar algún provecho. Ella manifiesta que en sus mejores días logra obtener entre $3 y $5, pero cuando a los empleados municipales se les da por negarles el abordaje a los niños más hábiles o los arrojan inmediatamente a la calle, no consiguen ni una lata y hace que permanezcan en la entrada al relleno hasta media noche, cuando algún camión se ha retrasado. – Nosotros recogemos churumba (botellas plásticas) por necesidad, porque no tenemos con que alimentarnos y como no estudiamos no nos dan trabajo – dice Silvia al mismo tiempo que se recoge los cabellos hacia atrás luego que uno de las camiones de la alcaldía de Soyapango ha pasado a gran velocidad levantando una nube de polvo y sin percatarse de la presencia de los pequeños a la orilla de la calle.

Silvia comenta que antes que el botadero fuera administrado por MIDES, ellos tenían la libertad de entrar y salir de entre las montañas de basura a cualquier hora del día. En cambio hoy, aguardan como centinelas hasta que ven llegar los camiones, algunos con la basura escondida dentro del armatoste de metal y en otras veces ya clasificada por los mismos empleados municipales. –Si desaparece el botadero, nosotros vamos a sufrir – manifiesta con displicencia, y agrega que –si a nosotros nos dieran la oportunidad de entrar y recolectar la basura sin decirnos nada, estaríamos mejor – No obstante, su petición le ha sido negada, tal como se le niega a quién pide el acceso a las instalaciones del relleno sanitario pues, desde las proximidades del lugar, el hedor fétido ofende tanto que permanecer ahí requiere del uso de equipo especial ya que los niveles de contaminación son altos.

A pesar que Silvia y todos sus muchachos dicen que nunca han enfermado ni por el contacto a los desechos ni por alimentarse de lo que ahí encuentran, el doctor Salvador Miranda –cirujano y catedrático de la Universidad de El Salvador – asegura que por ser lugares destinados a la basura, lógicamente existe un alto grado de contaminación por los desechos que son llevados al relleno sanitario. Al preguntársele sobre los riesgos para los pepenadores al trabajar entre desechos, él dijo que “el riesgo inminente son las enfermedades que se pueden propagar, no solo por trabajar ahí sino porque esa contaminación se esparce en las comunidades aledañas”, luego agregó “lo que más debería preocuparles (a los pepenadores) son los desechos hospitalarios, metales pesados, tóxicos e incluso elementos radioactivos que llegan al lugar”.

Por el contrario, cuando a algunos pepenadores del Catón Galera Quemada, aledaño al relleno, se les preguntó sobre los riesgos que corren al trabajar sin más protección que su ropa; todos coincidieron que no sentían temor pues desde el tiempo que llevan pepenando nunca han tenido algún accidente, salvo algunos atropellados por camiones u otros que son lanzados mientras intentan sacar material reciclable. También, y aún más alarmante, desconocen de las posibles enfermedades que potencialmente pueden ser letales, entre ellas las respiratorias. Respecto a esto, el doctor Miranda dijo que “entre las enfermedades más comunes, que son las de tipo respiratoria, intestinales y de la piel, yo diría que las más mortales e irreversibles son las respiratorias, y de ellas la más peligrosa es una fibrosis quística pues prácticamente se pierden los pulmones”.

Desde una perspectiva más allá de su labor como médico y docente, el doctor explicó que para evitar que los pepenadores caigan en riesgo, no hace falta sacarlos de sus casas o cerrar los últimos botaderos que quedan. “Un factor primordial a cambiar dentro de los botaderos es la forma en cómo estos manejan los desechos que entran a sus depósitos. Estas instituciones, y en el caso de ese relleno sanitario, no incluyen en su plan de trabajo medidas claras para proteger a los pepenadores, ni al medio ambiente y aun así se toman el atrevimiento de proclamar en los medios las maravillas que hacen, y mientras tanto la gente vive en condiciones infrahumanas a las afueras de sus instalaciones”, afirmó. Al finalizar su intervención dijo que una alternativa real es que el Gobierno y la empresa privada puedan transformar el actual sistema de manejo de desechos sólidos en tanto que al pepenador se le garantice un trabajo en plantas de compostaje, con un sueldo digno y con todos los beneficios que la ley otorga y así convertir el oficio de pepenador en un empleo rentable y dignificante como cualquier otro.

A medio día, los muchachos descansan bajo unas matas de guineo para refugiarse del sol, que a esa hora flota en lo más alto del cielo humeado por las fábricas instaladas a unos kilómetros del relleno de Nejapa. Silvia ha sacado de su casucha casi sin paredes una silla plástica para poner en reposo su cuerpo robusto y clava su mirada de color grisácea en la calle polvorienta. Sabe que a esa hora no llegará ningún camión y aunque debería estar tomando el almuerzo, la cuota de ese día no ha logrado surtir los gastos para alimentar a sus 15 muchachos. Uno de ellos está semi acostado sobre un cartón mientras escucha música desde un celular. Ha estado ahí desde que llegamos y no ha querido acercarse a los demás ni tampoco acepto un refresco que le obsequiamos. El joven tirado sobre el cartón es dueño de una mirada pesada e intimidante. Difiere mucho de la alegría de los más pequeños que juegan con unas botellas enlodadas y apestosas.

Silvia se levanta de su silla de plástico la cual sacó hace meses de un contenedor de basura. Conversa sobre sus aflicciones. Dice sentirse agotada y con dolores en la espalda y rodillas. También cuenta que en sus 4 años como pepenadora desde que perdió su trabajo en una casona, ha tenido que rogar por el alimento y en ocasiones sus vecinos la discriminan por su trabajo y por acoger a tantos menores en su casucha desarmada. –Aquí los vecinos no me los quieren, me los ultrajan y a mí me tratan de basurera. Hasta han querido echarme de aquí – dice Silvia con nostalgia al recordar que debe tres meses de alquiler del terreno donde levantó las paredes torcidas que son el único refugio para la docena de niños y jóvenes que la acompañan en la recolección de plástico, cartón, latas y botellas. Su cara se deprime más al pensar que en cualquier momento la policía llegará a sacarla o la acusarán por esconder a tantos “vagos”, como se lo han demandado en repetidas ocasiones.

Ella anhela que de un momento a otro el relleno sanitario de Nejapa se abra otra vez para todos ellos o al menos que sus administradores les construyan una fábrica de reciclaje o de compostaje para mandar a sus muchachos a trabajar y que ganen un mejor sueldo para ellos y para los pocos que todavía tiene a sus familias. No obstante, Silvia es realista y se escabulle al imaginar el día en que ella falte en ese lugar pues asegura que a sus muchachos los echaran de la zona y ya no recogerán más churumba para vender.

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Fuente:
Hernández, D., Orellana, C., Martínez, G., Mártir, O., Orantes, J. & Ortiz, H. (2011). Situación socio-económica, ambiental y de salubridad en la que laboran los pepenadores del botadero de Nejapa, San Salvador, El Salvador en el año 2011. Tesis no publicada, Instituto Emiliani, San Salvador, El Salvador.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Ha nacido el rico


Cuántas navidades, dice el señor. Cuántas navidades voy a nacer entre cuchitriles mercantiles, la oferta más barata, el sale y la famosa cachada de aquellas almas en pena que se rebuscan como zopes bajo las faldas del gran San Salvador. Cuánto más va a durar el sistema al que Ellacuría llamó con sarcasmo “A sus órdenes, mi capital”.

Y es que cada diciembre la bolsa del pobre se infla y se desinfla casi al mismo tiempo. Llega el aguinaldo, y así como llega se va, como un trozo de pastel que se reparte entre las fieras hambrientas encabezadas por el sacrosanto estreno, la pata de elefante, el chumpipe, los juguetes, los morteros y de vez en cuando se acuerdan de las deudas, el banco, los impuestos, la matrícula escolar y el ahorro en caso de emergencias.

Claro, lo último dicho es la circunstancia número novecientos mil entre todas las demás que se nos implantan en el cerebro para estas fechas. A la salvaguarda de este sistema de cosas vienen los “por siempre malditos” comerciales de la hora prime para quemarnos los ojos con sus exuberantes noches de compras, las ofertas del Super, el descuento para su carcacha, préstamos, bonos, mega bonos y súper bonos, típicos de las compañías telefónicas.

Últimamente, los treinta segundos de muerte infernal cuando se está frente a la tele se han pintado con los discursos de la partidocracia y sus “distinguidísimos e intachables” personajes que desde ya se les oye nombra como “señor presidente”. La mejor cara, los mejores deseos, sencillez y alarde de campechanos. Nada mal para quien se postula como candidato a la presidencia.

Y mientras ellos hacen su campaña con todo lo que pueden bañar en sus tintes del mal, nuestro actual “Faraón” despotrica contra todos sus opositores. Parece que a él se le olvidó que en diciembre las “magnánimas leyes de Santa Claus” dicen claramente que en diciembre hay que soñar, reír y gastar; no obstante nuestro mandatario tiene pesadillas con los empresarios del transporte público, ríe pero de su desgracia y gasta, sí, gasta, pero gasta hasta más no poder la frase “por culpa de los veinte años de ARENA” y también su nuevo y tan repetido lema que no hace falta decir.

Dejemos que ellos vivan la navidad tranquilos para no atosigarlos con la lluvia de críticas que les llegan todos los años, más hoy que se recetaron un doble salario. Felicidad y abundancia asegurada. Más bien, volvamos a la vida real, a la del común salvachuco que desde temprano comienza a preparar su humilde cena. El pavo, el chumpi pollo, la gallina, los tamales y así sucesivamente hasta llegar a los que no les alcanza para tanto.

Por todos lados se ve pasar a las matriarcas del hogar con las bolsas repletas de verduras, boquitas y las infaltables sodas. Para estos días no deberían quejarse porque se venden más que en todo el año. La misma situación pasa con las heladitas que hasta bajan de precio. A ellas no hay que agradecerles mucho, son las causantes de la locura temporal de algunos y la muerte de otros.

Como tradición en peligro de quedar en el olvido, los cohetes aún sobreviven a pesar de las decenas de niños y adultos irresponsables que se queman con su propio dinero al hacer un mal uso de la pólvora. Es un hecho que tarde o temprano el bullicio de las explosiones, el papelero y los desafortunados que son víctimas de su propia terquedad se dejarán de escuchar y de ver dentro de un par de años.

Pero ente el ajetreo, la embriagues y los spots maliciosos del sistema que nos amarran a la idea de un anciano robusto, vestido de rojo y con una risa fingida, está la verdadera razón de todo este jolgorio malversado. Aunque Santa Claus, juguetito ideológico de Coca Coca, esté por delante de nuestra celebración, la celebración de los mortales y descontaminados, la imagen de la navidad como tal lleva más de dos mil años existiendo en la mentalidad de los creyentes en un Dios más poderoso que la mundana idea de un “Santa en el polo norte”.

Esa tierna imagen tiene cara de niño, de un bebé que reinará en un mundo gobernado por las hegemonías y las élites represivas. Ese niño que nace a la media noche de hoy es el fin único de este día de festejo, que más que un día de consumismo, cumbias y excesos, debería ser un día familiar, el día en que el niño Rey nace en todos nosotros.

No pretendo sermonear ni dar de golpes de conciencia a ustedes que quizá se han olvidado de la verdad y la han engavetado tal y como se los ordenó el sistema. No pretendo invitarlos a un templo que puede tener más vida que la suya propia ni tampoco repetir incansablemente de donde viene la navidad. Solo pretendo algo sencillo, recordar. Hacerle memoria de quién quiere que nazca hoy en su interior, el niño soberbio, egocentrista, engendro de la brutalidad del hombre contaminado o el niño de los cielos, el hijo de Dios vivo, el salvador del mundo.

La realidad es que hoy, para la mayoría, nace el niño rico, y sin satanizar a la clase alta, solo para contrastar la idea de una navidad donde reina el capital y aquella donde Jesús va a la cabeza. Por eso la pregunta nuevamente: cuándo nacerá Jesús en la puerta de nuestras casas, cuándo lo invitaremos a cenar y, no menos importante, cuánto tiempo más permitiremos que este sistema de cosas convierta en paganismo la fiesta del natalicio del Dios hijo.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Cien años sin color

Nuestro escudo y nuestra bandera nacional cumplieron 100 años desde su legalización en 1912, pero parece que a nadie le importara. Esta tendencia al desinterés tiene sus raíces en la falta de cultura, el no haber inculcado valores cívicos ni haber estudiado nuestro propio legado. Bajo ese olvido que marca tradición en este país celebramos un año más de independencia, una falsa libertad y unificación. Los vacíos siguen siendo abismales en comparación al fervor que viven otras naciones cuando se avecina una fecha tan importante. No cabe duda que en El Salvador imitamos un tanto a los judíos pero en materia de ideales, pues seguimos esperando nuestra verdadera fecha de liberación, la emancipación de las clases oprimidas y una única identidad que nos cobije a todos. Dios, Unión, Libertad; 3 palabras que están lejos de ser nuestras, muy lejos de convertirse en identidad.


Link de acceso al reportaje - Séptimo Sentido - La Prensa Gráfica
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Para definirnos de manera individual en base a nuestras preferencias o gustos determinados, basta con abrir el abanico de opciones: altos, bajos; playa o montaña; fútbol o basketall; Barça o Madrid. Aquí parece todo estar resuelto, pero hay preguntas que tardan 100 años y aún siguen sin esclarecerse. Eso es lo que sucede con uno de los pocos símbolos que tenemos los salvadoreños: la bandera.

Aprobada en 1912, nuestra bandera nacional ha izado por doquier y ha cambiado de tonalidad quizá la misma cantidad de veces. Será este un estilo camaleónico como le llama Carlos Chávez a la falta de interés por estipular un tono específico para nuestra bandera. Y peor todavía es que nadie recordó este trascendental hecho histórico en el cual dejamos de usar una bandera agringada para volver a las raíces federalistas de la región.

Siendo sincero, jamás había pensando en este tema del color como identidad de los símbolos patrios. Sin embargo, comparto la visión de que deberíamos exigir una ley bajo la cual se contemple el verdadero color de nuestra bandera. No es posible que países como Guatemala, México, Argentina, España y muchos más hayan dictaminado las tonalidades únicas de sus respectivas banderas, mientras nosotros ni siquiera conocemos la historia que nos llevó hasta la actual representante que ondea silenciosa en unos cuantos sitios y redondeles.

He aquí un ejemplo de por qué nuestra sociedad salvadoreña no se identifica con las raíces marchitas de los antepasados pipiles, masacrados por siglos hasta que los redujeron a osamentas. No logramos anclarnos a una idea nacionalista pues pasamos de largo todo el proceso independentista, cuyo principio solamente comprendía la liberación de los criollos y no así de las comunidades pobres: proletariado y jornaleros.

La apatía es tan grande que hemos olvidado hasta la letra del himno nacional, la oración a la bandera, los departamentos, sus cabeceras, el número de municipios, etc., etc… Lo cierto es que la desinformación nos lleva a celebrar una “independencia” que jamás fue y que hasta hoy no llega. Pasamos de las manos españolas al autoritarismo criollo, luego al militarismo y más recientemente, la partidocracia.

Hace falta un poco de ejercicio metal, eso implica leer. Pero antes de leer cualquier cosa, también es necesario tener personas capacitadas que se encarguen de documentar e investigar nuestro borroso pasado. Somos pobres en este aspecto ya que son escasos los historiadores que han reconstruido nuestro rompecabezas ensangrentado por batallas, guerras, epidemias y masacres repudiables. Existe poco material disponible para consulta, por ende, las opciones se reducen a unos cuantos textos desactualizados, y en el peor de los casos, inaccesibles al público.

Me pregunto si es normal que después de tantos años nuestros símbolos sigan esperando ser bautizados legalmente. La respuesta es muy obvia: como podemos pedir que se establezca un color determinado para nuestra bandera si por otro lado se nos imposibilita identificarnos como salvadoreños. Es una odisea ponernos de acuerdo en cosas banales y más no se diga en términos constitucionales. La lección más representativa la tenemos a diario en el Salón Azul de la Asamblea Legislativa.

Será que ellos tiene claro el por qué están ahí, o también siguen sin encontrarse luego de varios periodos engordando sus cuentas bancarias a costa del pueblo. No me extrañaría que al preguntarles de historia y específicamente de quiénes gestaron la independencia y nuestra inexistente “nación” también salgan con el cuento de los “Súper Próceres”, padres de la patria igual que ellos. Un baluarte de líderes pensantes, como decía un anuncio publicitario en el cual alagaban a estos hombres, antigua élite de poder corrupta y cimiento de la que hoy subsiste por sobre nuestros derechos.

Pasó un 15 de septiembre más y el calendario dice que ya transcurrieron 191 años de independencia; no obstante, la espera por esa anhelada libertad se sigue extendiendo sin que aún se perciba la luz verdadera de la igualdad. Por otro lado, son 100 años desde la adopción de una nueva bandera y un nuevo escudo, una adopción sin reconocimiento, sin identidad propia, esa identidad desconocida que nosotros llamamos “patriotismo”, una identidad perdida por la ignorancia, el irrespeto y la falta de valores cívicos que van muriendo tal como muere el ideal “salvadoreño”.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Dígame si no es verdad

- Ya vio como va de avanzado la Diego de Olguín.

- Si vea, ya están haciendo algo estos guevones.

- Pues sí, como el billete que tenían se lo hartaron entre todos los corruptos. Hoy dicen que ya van terminar.

- Cabal, aparte que se gueviaron el pisto, se acabaron la finca con tanta calle.

- ¡Cagadas las que hacen estos cabrones! Mire como hablan de que hay ratas aquí, allá, en la Corte, en la Asamblea, en la FESFUT, pero no se miden con la misma vara.

- Así son todos, como que lo de sinvergüenzas lo traen en la sangre. Ha de ser de nacimiento por eso uno no llega tan lejos como diputado, abogado, juez, alcalde o presidente. Esos puestos ya están comprados, ni falta hace ir a votar si ya se sabe lo que vienen a hacer.

- Vida la de los desgraciados, vea don Rafa. A uno le toca pagar las pendejadas de los pistudos. Le digo eso porque si se fija tanta babosada de que le van a subir al pasaje, que el pan lo van a vender mas chiquito, que el gas no sé que, y que la gasolina… ¡puya! Y uno qué hace, Don Rafa, nada, que putas va a decir.

- Pues sí, la verdad de las cosas es que uno esta vivo por la gracia de Dios, porque si fuera por estos fufurufos a todos nos tuvieran de peones.

- Peor que eso. Si de tanto pagar a uno se le acaba el sueldo. Por qué cree que no estudié después del bachillerato, porque mi nana cómo me pagaba otros 5 o 6 años de estudio, ¡nombre! Nos morimos de hambre. Por eso mejor me clavé a aprender de bartender para vivir más o menos con mi mujer y el niño.

- ¡Y cuanto mono cabrón no anda igual que voz ahora, pues! Mirá cuanto muchacho se va a un taller como mecánico, de choleros en los restaurantes, de microbuseros, en los supermercados, en los famosos Call Centervergo que andan metidos ahí.

- Pero por necesidad don Rafa, sino yo estuviera sacando la Ingeniería en Sistemas.

- Por necesidad y por pendejos querrás decir, Alberto. Mirá dónde viniste a parar vos, echutado con una cipota que preñaste y ahora te toca dar de hartar a dos.

- Va decir que usted no se echaba esos tiros de joven. A mi la única que me aconsejó toda la vida fue mi mama Gloria. De mi papá ni me pregunte porque ese hijueputa se hizo el maje y nos dejó comiendo mierda. Así como no la iba a cagar, al menos yo me hago cargo.

- Pues sí, Alberto, pero si estudiaste al menos hasta bachillerato hubieras pensado antes de venirte a conseguir mujer estando en tus mejores años. Yo a tu edad ya tenía mis tres mujeres pero con ninguna me deje ir de vergazo. Es que los bichos de hoy soló coger y ya estuvo.

- Ahí no se lo voy a negar, pero como usted ya dijo: eso era en su tiempo. Hoy cualquier bicha puta se le encarama a uno y con eso basta para caer en tentación. Pero sabe una cosa, todo eso nos pasa solo a nosotros, los de abajo. Y por lo mismo que ya le conté: porque el tata no se hace cargo, la mujer cría sola al bebe, quizá ni trabaja, vive en zonas marginales como nosotros, son violentadas y todo esa mierda por la que andan gritando Las Dignas. Por eso las bichas, como no tiene quien las eduque bien, ahí andan de calientes con cualquier cerote que les hable bonito y después, dígame don Rafa, ahí van con la panza adelante y el que la preño, a saber.

- Por eso antes la vida era más fácil. No existía eso del sida, el condón, ¡hasta la tele, pues! Es que ese es otro problema. Hoy en todos lados vas a ver a viejas chulonas, otros tocándose, besándose y hasta haciendo el sexo. Eso no se veía antes y a pesar que en la escuela a uno no le enseñaban ni mierda de cómo se embaraza a una cipota, no ibas a ver tanta bicha panzona, enferma o babosadas bien pornográficas.

- Es que todo va cambiando. Mire, si hace poco comprábamos todo barato con unos cuantos colones y desde que al Paco Flores se le ocurrió meter el dólar nos jodimos todos.

- ¡Puta, callate que solo de pensar en esa pendejada del dólar me da cólera! Si es que todo eso lo hacen a favor de ellos. Decime, a quién le convenía que pusieran el dólar: solo a ellos, Alberto, solo a los empresarios que tenían sus acuerdos con los gringos. Cual TLC, ni mierda, se cagaron en nosotros los pobres.

- Si vea. Yo aun medio recuerdo cuando iba a sexto grado que con 10 centavos me compraba un fresco o con 1 colón compraba unos 2 panes. Y hoy que diablos. Nada baja de 1 dólar. Si quiere una torta, 1 dólar la más barata; si quiere una gaseosa grande, 1. 75; el arroz anda por los 3 dólares; el azúcar igual; los frijoles cada vez más caros. Qué nos vamos a hartar después. A las nuevas monedas de a dólar les vamos a pegar las mordidas.

- Y cada vez vamos para peor. A la luz le suben a cada rato, el agua a veces cae y a veces no y el recibo viene igual, el gas que no dura y el sueldo que no se mueve.

- Y los hijos de puta comen bien, duermen bien, andan en carro y de paso con los de la PPI. Y a nosotros nos matan a diario. Nos mata el hambre, nos mata la frustración, nos matan los sueños, la desesperación de no poder mejorar, el cansancio del trabajo, la rabia de seguir igual o peor.

- También nos matan de verdad, que no se te olvide. Hoy han salido con la paja de que hay tregua. ¡Cual zapato! Lo que hacen hoy es no contarlos y ponerlos como desaparecidos.

- Cree usted, don Rafa.

- Si no hace falta ser estudiado para darse cuenta. Esa es pura mierda que hicieron bajo la mesa. A los del gobierno se les ocurrió pasarles feria a los de las maras allá en los penales para que dejaran de matar a la gente. Pero vos creés que todos cumplen. Neles, ahí como van a asegurar que ningún pandillero va a hacer sus babosadas si ellos están adentro.

- A lo mejor así hacen. Pero ya vio como viven allí. Puta, si parece ratonera, ni los gallineros están así de llenos. Dígame, así como no van a exigir pisto los chamacos para no andar jodiendo. No se le olvide que también son gente, tiene derecho a vivir mejor. Además piensan en su familia que está afuera pasando hambre, sus hijos, la mujer. Para ellos es difícil y que más les queda que jugar chuco con las autoridades.

- Pues sí. Aunque sean ladrones, asesinos y todo eso pues están sampados ahí por lo mismo que voz decías. Esto es producto de la mala educación, la falta de un tata que los eduque y de un gobierno que les de la mano. Pero en este país, ¿quién te da la mano hoy? Si te la dan es para que después te metan en deudas, te roben o te mangoneen.

- Cabal, usted. Así es como arreglan todo ahí en la Asamblea, puros favores. Ya cuando uno no les quiere hacer el paro, ahí van con el corbo y el machete para quitarlos del poder. Mire el ejemplo de hace poco con los magistrado esos. Gran desvergue que hicieron para quitarlos y poner a los que hacen lo que ellos quieren.

- Pura mafia, Alberto. Esos magistrados tienen guevos de haber hablado y denunciado todas las sinvergüenzadas que hacían esos malditos. Si por eso fue que los quitaron: como empezaron a hablar la verdad, a sacarles los trapos al sol, se les fue el culo y se inventaron una gran calumnia para no obedecer lo que ellos decían. Y acordate que esos majes magistrados están para juzgar las mierdas que hacen los diputados. Así que cuando los juzgan mal, ahí van con la soga a ahorcarlos.

- Si es que solo lacras agusanadas hay en los gobiernos. Si no son los tricolor, son los rojos y ahora esos anaranjados que dicen ser una nueva derecha. ¡Me cago de pensar que uno va a tener dos manos derechas, ni mierda son los mismos ladrones solo que con traje diferente!

- Cabal, bicho. Esos no cambian. Y hoy que ya nombraron a los que quieren ser presidentes, ¡ay Dios, ya van a empezar con la propaganda, las camisetas, los banderines, la conga bus, las visitas casa por casa… puras bobadas!

- Se acuerda, don Rafa, cuando vinieron para las elecciones de 2009. Todo era gloria y paraíso y mire como estamos. ¡Cual cambio! Solo cambiaron de puesto. Los que eran oposición ahora son los ladrones y los que eran los reyes de la corrupción hoy están buscando volver porque ya les hace falta nuestros impuestos que sacaban de todos los ministerios.

- Es cierto. Yo me acuerdo que vinieron en las elecciones recientes donde ganó este que hoy quiere ser presidente. Regalaban una cosa, prometían otra, paz y felicidad… solo pendejadas. Y la gente a todo decía Amen. Y ahí lo tenes: es alcalde y quiere ser presidente. Lo más seguro que para su campaña nos saque el pisto a nosotros cobrándonos más impuestos.

- Ah, y no se olvide del otro, don Rafa. El otro va a sacar fondos del Estado para pagar sus anuncios mierderos que de seguro van a salir en los mismos canales, cada 5 minutos, en radio y hasta en internet.

- Yo por eso ni pienso ahorita por quien votar, si faltan 2 años todavía. Mejor prefiero ver cómo se van a cargar en el actual presidente de aquí en adelante. Bueno, si de todos modos el solito la caga, para que pedir más.

- Aquí a todos les pica por llegar al poder rapidito. Gran hambre de perro que tienen por seguir haciéndonos más pobres. Ojala llegué el día en que les den en la nuca a todos, aunque sin irnos a guerra otra vez.

- ¡Nombre! Ya más guerras para qué, Alberto. Suficiente con la que lidiamos todos los días tratando de no morirnos. Esto se va a acabar hasta que venga Dios y sea el fin del mundo, porque para eso va a venir: para mandar a la mierda a todos estos hijos de su madre.

- A ver como terminamos todos en esta mierdita de país. Yo a Dios lo veo bien lejos por eso mejor no opino… pereme don Rafa: Alo… aja…. No, no más platicando de lo hecho mierda que estamos pero ay voy. Calentame el almuerzo porque hoy no llego a cenar. Acordate que me quieren temprano porque como es 15 y aparte asueto, la mara va a llegar a chupar temprano. Va… ahorita paso entonces… Salu pues.

- ¿Tu mujer?

- Sí, es que pensó que me había quedado en el bar. Pero ya le dije que me espere para comer sino ya no me harto.

- Dale pues. Ya hablamos de muchos pecados, para que seguir llorando.

- Orale pues, don Rafa. Mañana le deja el diario a mi mama Gloria porque en la casa no va haber nadie. ¡No se le olvide, pues!

- Nombre, cipotón. Andate ya sino tu mujer te va a cachimbiar.


- Va pues don… el lunes paso, me lo tiene listo porque no me voy tranquilo si no leo que putas pasa en el país. Además me sirve para ir entretenido en el bus y para que después no me den paja de lo que está pasando. Nos vemos.